Una vereda consigue su acueducto o su planta de agua en seis pasos: organizar a los usuarios, conocer la fuente y la demanda, tener estudios y diseños con la norma técnica, conseguir la viabilización y los recursos, construir con buena supervisión y operar el sistema con una tarifa que lo sostenga. Casi siempre, los trámites tardan más que la obra.
Esta guía es para juntas de acueducto y juntas de acción comunal que quieren agua segura en su vereda, o que tienen un sistema viejo que ya no da abasto. Hemos construido plantas de tratamiento y acueductos, y lo que sigue es lo que conviene tener claro en cada paso para que el sistema no quede abandonado a los pocos meses.
¿Quién tiene que mover el proyecto?
La Ley 142 de 1994 le asigna al municipio la tarea de asegurar que sus habitantes reciban el servicio de acueducto. En la práctica, el impulso casi siempre viene de la comunidad: la junta documenta la necesidad y la lleva a la alcaldía, que formula el proyecto o lo hace con apoyo del Plan Departamental de Agua (en Boyacá, a cargo de Empresas Públicas de Boyacá). Cuanto mejor llegue armada la junta, más rápido avanza.
Paso 1: ¿cómo se organizan los usuarios?
La misma ley permite que, en zona rural, el servicio lo preste una organización comunitaria sin ánimo de lucro: una junta administradora, una asociación de usuarios o la propia junta de acción comunal. Quien lo preste queda sometido a la Ley 142 y a la vigilancia de la Superintendencia de Servicios Públicos, y debe inscribirse en el Registro Único de Prestadores (RUPS).
- Personería jurídica y estatutos que digan quién decide, quién cobra y quién opera.
- Censo de usuarios: viviendas actuales, escuelas, puestos de salud y lo que se espera que crezca la vereda.
- Cuentas claras desde el primer día: una cuenta bancaria a nombre de la organización y libros al día.
- Un acuerdo sobre la tarifa, aunque sea preliminar: sin ella no hay quién pague el cloro ni el operario.
Paso 2: ¿qué hay que saber de la fuente, los usuarios y los predios?
- La fuente. Cuánta agua da en el verano más seco, no en invierno, y cómo cambia su calidad cuando llueve.
- El permiso para usarla. Tomar agua de una quebrada o un nacimiento requiere concesión de aguas de la corporación autónoma regional. La tramita la junta o el municipio, no el constructor, y conviene empezar desde el diagnóstico.
- Los usuarios. En zona rural pesa más la dispersión de las viviendas que su número.
- Los predios. Dónde van la captación, la planta y los tanques, y por dónde pasa la tubería. Sin predios y servidumbres por escrito, el proyecto no avanza.
Paso 3: estudios y diseños, ¿qué norma aplica?
La norma técnica del sector es el RAS, adoptado por la Resolución 0330 de 2017 del Ministerio de Vivienda y modificado por la Resolución 0799 de 2021. Para zonas rurales existe además la Resolución 0844 de 2018, con requisitos para proyectos que se acogen a los esquemas diferenciales rurales: permite soluciones individuales o colectivas ajustadas a cada comunidad, con participación de la comunidad en todas las etapas, incluida la operación.
Las decisiones que más pesan en el diseño son tres:
- Gravedad o bombeo. Un sistema por gravedad casi no gasta energía; uno con bombeo depende de que la luz no falle y de pagarla cada mes.
- Qué tratamiento necesita el agua. No toda fuente pide una planta convencional completa. Lo explicamos en planta de agua potable compacta o convencional.
- Cuánto almacenar. Los tanques dan margen cuando la fuente baja o hay un daño en la red. Más en tanques de almacenamiento de agua en concreto.
Paso 4: ¿qué es la viabilización y de dónde salen los recursos?
La viabilización es la revisión técnica, legal, financiera, ambiental y predial que certifica que el proyecto está listo para recibir recursos y construirse. Si pide recursos de la Nación, lo evalúa el Ministerio de Vivienda; desde el 28 de julio de 2026 los requisitos los fija la Resolución 0467 de 2026, que reemplazó a la 0661 de 2019. Si se financia con recursos del departamento y el municipio dentro del Plan Departamental de Agua, pasa por el mecanismo departamental.
Lo normal es combinar fuentes: recursos del municipio y de su participación del Sistema General de Participaciones para agua potable, aportes del departamento, de la Nación, regalías y, en algunos territorios, cooperación internacional. Casi todas exigen el proyecto viabilizado. Aquí se frenan muchos: diseños sin predios, sin concesión de aguas o con presupuestos desactualizados. La junta puede ayudar mucho resolviendo a tiempo los predios y las servidumbres.
Paso 5: ¿qué debe exigirle al constructor?
- Experiencia comprobable en plantas, redes y tanques, no solo en edificaciones.
- Pruebas hidráulicas de las tuberías y desinfección de redes y tanques antes de entregar agua a la gente.
- Arranque de la planta acompañado: ajuste de la dosificación con el agua real y entrenamiento del operador.
- Manual de operación y mantenimiento, planos récord y actas de entrega.
- Relación cercana con la comunidad, que es la que cede servidumbres y cuida la obra.
La comunidad puede acompañar la obra con una veeduría ciudadana; le explicamos cómo en veeduría ciudadana de la obra de la vereda. Y lo que debe recibir al final está en qué debe entregarle el constructor al terminar.
Paso 6: ¿quién lo opera y cómo se sostiene?
Lo opera la organización que presta el servicio, con un fontanero u operador capacitado que trabaje todos los días. El Decreto 1898 de 2016 abrió esquemas diferenciales para la zona rural, que flexibilizan algunas exigencias según las condiciones de cada comunidad.
Sea como sea, hace falta una tarifa que cubra el cloro, la energía, el operario, el lavado de tanques y los repuestos. La secretaría de salud vigila la calidad con el Índice de Riesgo de la Calidad del Agua (IRCA), y ahí se ve algo que conocemos bien: una planta impecable puede entregar agua con riesgo si nadie dosifica bien el cloro. La obra no falla; la operación sí.
Plantas y acueductos que hemos construido
- Planta de tratamiento de agua potable de Orocué (Casanare): para la empresa de servicios públicos del municipio, entre 2015 y 2018.
- Planta de San Miguelito, en Socha: para el municipio, en 2015.
- Planta de tratamiento de Toca: para el municipio, entre 2021 y 2022.
- Acueducto de Labranzagrande: para la empresa de servicios públicos del departamento, en 2014.
- Acueductos veredales de Tibaná: para el municipio, en 2017.
Somos una constructora con casi cuatro décadas de trabajo y más de 200 contratos. Lo que hacemos en agua está en acueductos, plantas de agua y saneamiento.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto cuesta un acueducto veredal?
No hay una cifra única. El valor depende de la distancia y el desnivel entre la fuente y las viviendas, de si funciona por gravedad o con bombeo, del tratamiento que necesite el agua, del número de usuarios y de qué tan dispersos estén. Una estimación seria sale del diagnóstico y de los diseños, no de un valor por familia.
¿Necesita una vereda permiso para tomar el agua de una quebrada?
Sí. El uso del agua para un acueducto requiere concesión de aguas, que otorga la corporación autónoma regional. La tramita la junta o el municipio; sin ella el proyecto no se puede viabilizar, y conviene empezarla desde el diagnóstico.
¿Puede una junta de acueducto manejar el sistema?
Sí. En zona rural la ley permite que organizaciones comunitarias presten el servicio. Para hacerlo bien necesitan estar constituidas formalmente, inscribirse ante la Superintendencia de Servicios Públicos, llevar cuentas claras, cobrar una tarifa que alcance y tener un operador capacitado.
¿Toda vereda necesita una planta de tratamiento completa?
No. Depende de la calidad de la fuente. Un nacimiento protegido puede requerir poco más que filtración y desinfección, mientras que un río con mucha turbiedad en invierno sí pide una planta con varias etapas. El diseño debe justificar la solución con análisis del agua.