Hay que proteger los páramos porque guardan el agua de buena parte de Colombia: sus suelos y su vegetación retienen la lluvia y la niebla y la sueltan despacio a los ríos que abastecen ciudades, veredas y cultivos. Según cálculos del Instituto Humboldt, dan agua a unos 17 millones de colombianos. Lo que se daña allí tarda décadas en recuperarse.
Lo decimos desde la obra. Hemos trabajado por contrato con Parques Nacionales y sus aliados en áreas de alta montaña como Chingaza, El Cocuy e Iguaque. Y precisamente por eso lo decimos claro: en un páramo no se construyen casas, cabañas ni parcelaciones. Lo que allí se hace lo decide la autoridad ambiental, y casi siempre es para conservarlo.
¿Qué es un páramo?
Es el ecosistema de alta montaña que está por encima del bosque andino y por debajo de las nieves: pajonales, musgos, lagunas, turberas y frailejones, esas plantas de hojas peludas que parecen vigilar la niebla. Colombia es uno de los países con más páramos del mundo. El Instituto Humboldt y el Ministerio de Ambiente identifican 37 complejos de páramo en el país, de la Sierra Nevada de Santa Marta a Nariño.
La Ley 1930 de 2018 los declaró ecosistemas estratégicos. No es una etiqueta decorativa: significa que el Estado los reconoce como indispensables para el agua y la vida del país, y que su uso tiene reglas especiales.
¿Cómo funciona la esponja?
El suelo del páramo es oscuro, lleno de materia orgánica y muy poroso. Cuando llueve, o cuando la niebla se condensa sobre las hojas de los frailejones y los musgos, ese suelo se empapa y guarda el agua. Después la entrega poco a poco a las quebradas, también en los meses secos. Por eso un río que nace en un páramo sano no se seca en verano ni se desborda con cada aguacero.
Esa esponja es frágil. Cuando el suelo se compacta, por el ganado, por la maquinaria o por una obra, pierde la capacidad de guardar agua y no la recupera en años. Un frailejón crece muy despacio; un pajonal arrancado no vuelve en una temporada. Por eso, en alta montaña, cada pisada fuera del sendero cuenta.
Chingaza: el agua de una ciudad
En 2022 construimos dos glampings en madera en el sector Monterredondo del Parque Nacional Natural Chingaza, para Conservation International, dentro de un proyecto de conservación de los Andes tropicales. Fue una obra pequeña, en madera y de plazo corto, en la que el cuidado del suelo y de la vegetación marcó cada decisión en el sitio.
Dos años después, Chingaza fue noticia nacional. En abril de 2024, con los embalses del sistema en niveles muy bajos por la sequía, Bogotá empezó un racionamiento de agua que duró un año. Según el alcalde de la ciudad, al menos el 70 % del agua que consume la capital viene de ese sistema. Pocas veces se ve tan claro que un páramo no es paisaje: es la llave del agua de millones de personas.
El Cocuy e Iguaque: el agua empieza arriba
Entre 2018 y 2019 construimos la sede administrativa del Parque Nacional Natural El Cocuy y las cabañas de Pozo Azul y Sisuma, desde donde los guardaparques vigilan una de las montañas más altas del país. Allí se entiende de dónde viene el agua: del hielo, de las lagunas y de los páramos que la sostienen.
En el Santuario de Fauna y Flora Iguaque, cuya laguna es sagrada en la tradición muisca, trabajamos en el centro de visitantes Furachiogua (2022–2023) y en el módulo de bienestar y la sede Carrizal (2024). Un centro de visitantes también cuida el páramo: el visitante que entiende por qué no debe salirse del sendero es el que no se sale.
Lo que no se puede hacer en un páramo, y por qué está bien
La Ley 1930 de 2018 prohíbe en los páramos, entre otras actividades, las expansiones urbanas y suburbanas, la construcción de nuevas vías, el uso de maquinaria pesada en actividades agropecuarias, la disposición y quema de residuos y la degradación de la cobertura vegetal nativa. También prohíbe la minería y los hidrocarburos.
Para un constructor, eso se traduce en algo sencillo: un páramo no es un lote. Si a usted le ofrecen un terreno «con nacimiento de agua» o «en el páramo» para construir una casa de descanso, consulte primero a la corporación autónoma regional. Lo explicamos en qué permisos necesita para construir en zona rural.
¿Qué puede hacer una obra que está lejos del páramo?
Mucho. El agua que nace arriba pasa por fincas, veredas y municipios antes de llegar a un acueducto, y cualquier obra en su camino puede ensuciarla o cuidarla. No lavar mezcladoras en las quebradas, controlar el barro que arrastra la lluvia, respetar las rondas y aprovechar el agua lluvia en el diseño son formas concretas de cuidar lo que el páramo produce. Lo contamos en cuidar el agua durante la obra y en construcción sostenible.
Preguntas frecuentes
¿Se puede construir una casa en un páramo?
No como casa de descanso, parcelación o proyecto nuevo. La Ley 1930 de 2018 prohíbe en los páramos la expansión urbana y suburbana y la degradación de la vegetación nativa. Lo que exista allí y cómo se maneja lo regula la autoridad ambiental con el plan de manejo de cada páramo.
¿Cómo sé si un predio está en un páramo?
Pregunte a la corporación autónoma regional de su jurisdicción y pida en la alcaldía el certificado de uso del suelo. El Ministerio de Ambiente delimita los páramos del país, y esa delimitación es la referencia oficial.
¿Por qué el frailejón es tan importante?
Porque ayuda a captar la humedad de la niebla y a proteger el suelo que guarda el agua. Crece muy despacio, así que un frailejón grande puede tener décadas. Arrancarlo o quemarlo es dañar algo que no se repone en una vida.
¿Por qué MARA trabaja en páramos si allí no se construye?
Porque las áreas protegidas también necesitan infraestructura para cumplir su función: sedes para los guardaparques, centros de visitantes y senderos. Esas obras las define y contrata Parques Nacionales o un fondo aliado, y nosotros las construimos con el menor impacto posible.